Trauma
3/2/20261 hr 16 min
Vivir un trauma puede ser una experiencia profundamente angustiante, caótica y dolorosa que muchas veces nos lleva a aislarnos y a levantar barreras para proteger el corazón. Sin embargo, el camino hacia la sanidad comienza cuando somos honestos con nosotros mismos y reconocemos ese dolor que aún nos afecta. El Señor nos invita a dejar atrás la postura de víctima y a abrazar la poderosa actitud del resiliente, enfrentando el dolor con fe. Al hacerlo, aprendemos a confiar más profundamente en Dios y permitimos que Él sane nuestras heridas. Los traumas que hemos at...
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First 90 secondsDante Gebel· Host0:00
[música suave] ¿Estamos listos para que Dios nos hable? ¿Sí o no? [aplausos] Bueno, yo creo que te he contado al menos una decena de veces y tengan a bien perdonarme mi repetición, pero viene a cuento y tiene que ver con la línea del relato. He contado en estos años uno de los primeros traumas de mi niñez, de los varios que tengo. [ríe] Por alguna razón, mis padres no me enviaron al kinder, al jardín de infantes, como se dice en algunos países. Así que mi debut en el colegio fue a los cinco años, a mis cinco años de edad, directamente y sin escalas al primer grado de la primaria. Es un frío mediodía de marzo de 1973. Marzo hace mucho frío en Buenos Aires. Mi madre está muriendo de cáncer en casa en los últimos días. Mi padre está siempre ausente porque o está ebrio o está allí intentando emborracharse, que es casi lo mismo. Mi hermano, eh, de solo once años, me está llevando al colegio. Nadie más me puede llevar. Él me está acompañando mi primer día. Mi mamá no puede por la enfermedad, mi papá no está. Así que en mi primer fatídico día, mi hermanito de once funge de tutor. Cuatro horas en un aula con una veintena de chiquitos desconocidos que jamás había visto en mi vida, sin la adaptación lógica