¡No sé!
5/11/20261 hr 21 min
La presencia de Dios ya no habita en un tabernáculo en el Sinaí ni en un templo en Jerusalén. En lugar de eso, Dios ha elegido morar en una famlia común, en personas tercas y fallidas; en gente como tú y como yo. Recordemos que Él prefirió escribir la misión de su evangelio sobre la arena, y por eso optó por confiar en nosotros para propagar el mensaje de las buenas nuevas. El Señor nos escogió, no por nuestra perfección, sino a pesar de nuestras limitaciones. Y cuando no tengamos todas las respuestas, cuando la duda nos alcance y las palabras no sean suficientes, bastará con decir: “No sé, sólo puedo decir que era ciego y ahora veo”.
Transcript preview
First 90 secondsDante Gebel· Host0:00
[música suave] Es, eh, un hecho histórico que Jesús, nuestro Señor, no dejó ningún escrito personal, no dejó ningún libro escrito por él, digo, ¿no? Ningún documento redactado por su propia mano. Lo que hubiésemos dado por tener primera de Jesús, segunda de Jesús, ¿no? Tercera epístola de Jesús escrita por él. Pero su enseñanza fue fundamentalmente oral, oral, basada en la tradición de los maestros itinerantes, que era la transmisión directa a sus discípulos y de allí el boca a boca. Sus-- a su vez, los discípulos tenían sus propios discípulos más adelante y así iban siendo por los rabinos traspasadas las enseñanzas. Sin embargo, los evangelios registran un solo momento en el cual Jesús sí escribió algo. Un solo instante se produjo en un momento tenso en que unos fariseos llevan ante él a una mujer atrapada en el mismo acto de adulterio, exigiéndole que le decretara la sentencia de muerte, que la pudieran lapidar ahí a piedrazos. Jesús no dice nada en primera instancia, luego se agacha y se pone a escribir en la arena, dicen los evangelios. Con el dedo escribió en la arena. El Hijo de Dios, que había participado en el diseño de toda