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La mente rota

6/22/20261 hr 15 min

La depresión no tiene por qué aplastarnos ni dominarnos. Si estamos sumidos en la oscuridad de la desesperación o al borde del agotamiento, escuchemos con atención: puede que oigamos a Dios llamándonos con un susurro para rescatarnos del pozo; no estamos condenados a quedarnos allí. Necesitamos abrir nuestro corazón para experimentar otra vez Su Presencia y permitir que Su Palabra renueve nuestra alma cansada. Recordemos que el Señor nos ama y le fascina restaurar a quienes tienen la mente quebrantada.

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  1. Dante Gebel· Host0:00

    [música suave] Hace unos años tuve un buen amigo llamado Ricardo, aunque por discreción obviamente estoy evitando su nombre real, pero el hombre sí existe. El tipo es de esos que siempre caen bien. Eh, quienes lo conocen dicen que es muy simpático, empático, generoso. Siempre sale con un chiste a flor de labios. En realidad, ninguna fiesta empieza, ninguna cena ni almuerzo comienza en realidad hasta que él llega. Le suele poner, sin ánimo de ofender, sobrenombres a todos. Muy observador. Es una máquina de hacer chistes, esas personas que uno piensa en invitar en primera instancia a cualquier reunión. Pero nunca imaginarías el infierno el cual vive él. Cada mañana Ricardo hace un esfuerzo, me consta, enorme para salir de la cama. Le cuesta un horror tener que vivir un día más. Y por fuera, a la vista de todos, parece un tipo feliz, muy feliz de hecho, más que el, el promedio, pero en su interior se siente desesperanzado, agotado, asustado, solo, como quizás muchos papis hoy aquí. Mi amigo sufre de una depresión crónica que lo paraliza, le cercena las ganas de vivir y le va amputando

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